borrachos en las esquinas, amantes fugaces sobre las mesas, drogadictos, putas y rateros; rostros de barro, niños mendigantes de una moneda vendiendo cigarrillos y caramelos.
caprichoso mosaico reflejo de una sociedad dispar, afuera en las aceras la pobreza, puertas adentro de antros oscuros, un remedo burdo de felicidad en chucherías ennegrecidas por el humo.
un poco de alcohol, quizá un porro, una chica del momento, la música estridente, espejismo efímero, llegan las tres de la mañana, y la euforia va de picada, las calles se van vaciando, y sobre los ornamentales adoquines, dormidos entre cartones, habitantes del inframundo, ese que optamos por ignorar, como una botella más vacía, o una colilla aplastada, haciéndolos a un lado, como evitando contagiarnos de su inmundicia, o temiendo por nuestra seguridad, en el letargo confundiéndolos con potenciales ladrones, asesinos, violadores, etc, etc; ese es el precio de nuestra diversión.
y así, acaba una semana más, y esperamos en nuestros trabajos deprimentes, bajo el yugo de bestias que ayer ocuparon nuestro lugar, odiándolo todo, sin voluntad, aguardando ese rayo de luz negra, de un fin de semana en la Mariscal.
1 comentario:
ahora le cuento a la mamita que le dijistes bestia... jaajaja... chevere el post... que ganas de amanecer así todo hecho masa en una vereda... algo que algún día tengo que hacer.... que salto bungee, que viaje a la luna... dormir borracho sobre una vereda debe ser lo mejor!
desde el inframundo
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