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domingo, 5 de diciembre de 2010

Chuby

apareció como otras veces, de la nada, sin previo aviso, nos llevó por unos tragos y preguntó por cada una de nuestras vidas. Nos dio consejos, nos dio más tragos, recordamos tiempos viejos, bebimos más tragos. Vomitamos, reimos, cantamos, bebimos de nuevo. Amanece, todos dormidos, me despierta mi amigo para que le abra la puerta, escupo, enciendo un cigarrillo, me da otro consejo, quiero dormir, le digo:

Pana, asomarás más seguido para las bielas

El sonríe, tan solo me dice:

Cuidate Mauricio

han pasado tres años, ni una llamada, un mensaje, un correo, las bielas fueron miles, ya sin él, los problemas, el agobio, las alegrías, las caidas, esperando en los conciertos encontrarle yo o quizá los otros panas, nada...

viene a mi memoria que las veces anteriores a su despedida, había dejado completamente de beber.

hoy finalmente lo entiendo, es muy dificil vivir la realidad...

domingo, 12 de abril de 2009

el palacio de la sabiduría



me entregué al desenfreno, sumido en humo y vapores, licor y perfumes baratos, buscando sopor en labios desconocidos, hallando vacío cada vez más y más infinito.

cavilé en tiempos pasados amargamente, añorando inútilmente en lo ya vivido, dejándome fuera de control en una autopista de excesos.

aturdido, triste y desolado, busqué incesante respuestas, cayendo cada vez, más y más bajo, alejándome de una luz lánguida y a cada caída más distante.

conversé con mis más profundos miedos, en un estado extremo canabinoide, olvidando hoy día, cuales fueron los acuerdos que con ellos hice, para dejar de sentir esta corrupta voluntad de negarme a la felicidad, de negarme a buscarte.

inciertamente, caminé sin quererlo, sobre las huellas de la paz mental y la sabiduría del camuflado silencio entre líneas de hirientes ruidos, estuve por instantes en el más alto punto del firmamento, mirando soberbio al infeliz resto del mundo que hormigueaba bajo de mí, en una interminable lucha por hallarse a si mismos, que termina por lo general, en el no reconocerse ni frente a un espejo.

hoy me llama nuevamente y es más fuerte, allá en el horizonte me aguarda el palacio de la sabiduría, cuya única puerta de entrada, esta tras la senda del irresponsable exceso...

"la senda del exceso te conduce al palacio de la sabiduría"

sábado, 28 de marzo de 2009

mariscal

decadencia deprimente, donde encuentran sopor los comunes de la sociedad, embruteciendo sus sentidos en busca de un escape de sus miserables vidas; ocultos tras la máscara del bienestar, consumidos por dentro, anhelando al fin de semana, ciega salida a ese amargo y subconsciente tormento, factura eterna del capital y su status.

borrachos en las esquinas, amantes fugaces sobre las mesas, drogadictos, putas y rateros; rostros de barro, niños mendigantes de una moneda vendiendo cigarrillos y caramelos.

caprichoso mosaico reflejo de una sociedad dispar, afuera en las aceras la pobreza, puertas adentro de antros oscuros, un remedo burdo de felicidad en chucherías ennegrecidas por el humo.

un poco de alcohol, quizá un porro, una chica del momento, la música estridente, espejismo efímero, llegan las tres de la mañana, y la euforia va de picada, las calles se van vaciando, y sobre los ornamentales adoquines, dormidos entre cartones, habitantes del inframundo, ese que optamos por ignorar, como una botella más vacía, o una colilla aplastada, haciéndolos a un lado, como evitando contagiarnos de su inmundicia, o temiendo por nuestra seguridad, en el letargo confundiéndolos con potenciales ladrones, asesinos, violadores, etc, etc; ese es el precio de nuestra diversión.

y así, acaba una semana más, y esperamos en nuestros trabajos deprimentes, bajo el yugo de bestias que ayer ocuparon nuestro lugar, odiándolo todo, sin voluntad, aguardando ese rayo de luz negra, de un fin de semana en la Mariscal.

jueves, 1 de enero de 2009

sin diferencia en la muerte

recuerdo una vez que caminando hacia mi casa, un bus atropelló a un pequeño perro, que apenas si avanzó a correr unos metros luego, para terminar tendido sobre el pavimento no muy lejos de mí, agonizando con sus ojos en la nada.

quedé ensimismado y aturdido, sintiendo esa impotencia miserable de no tener armas contra la muerte. Por unos cuantos segundos, el pequeño animal se retorció lastimeramente, hasta que un sacudón final lo dejó completamente quieto.

tras observar silenciosamente el pequeño cadáver, alcé mi vista hacia el alrededor, con asombro, era el único en la calle que se había molestado en prestarle atención al suceso. Retomé la marcha hacia mi casa, pues ya no había nada más que hacer allí, y en el trayecto, recordé las tantas veces que había visto a ese pequeño perro y la vez que compré un pan para dárselo en pedacitos.

comenté de lo acontecido a mi familia, esperando hallar en mi sangre empatía, para no sentirme el único que entristeciera por la muerte de un perro callejero, hallando en mi madre y mis hermanos igual parquedad a la de la gente en la calle.

y recuerdo todo esto, ya que ayer, me enteré que hace más de medio año, murió en un accidente de tránsito un compañero de colegio; a lo que todos los presentes (igualmente mis compañeros) preguntaron: "¿y quién era él?"

creo, que de los presentes, aparte de mí, y de quién contó lo acontecido, nadie más sabía "quién era él".

triste reflexión que me hace pensar en la triste analogía entre la muerte de un perro callejero y mi compañero.